Rembrandt van Rijn (1606-1669)

El descendimiento (a la luz de una antorcha), 1654

El descendimiento (a la luz de una antorcha), 1654

El descendimiento (a la luz de una antorcha), 1654

Aguafuerte y punta seca, 21 x 16,1. Magnífica impresión, de negros intensos y fuertes contrastes, sobre papel verjurado. NH 286, IV/IV. El dramático suceso representado en la imagen ocurre fuera de la ciudad –vemos al fondo un imponente muro arquitectónico–, iluminado por la luz de una antorcha. Magistral es la composición, que desplaza del centro la acción principal. Magistral es también el cuerpo de Cristo y del hombre de espaldas que lo sostiene en brazos, así como el detalle de la mano alzada –iluminada contra el negro del fondo– del personaje que acude desde atrás y desde un punto más bajo a ayudar en el descendimiento. En la mitad inferior hay un grupo de personas dibujadas con unos trazos que ciento cincuenta años después veremos en Los disparates de Goya, artista que, por cierto, sabemos que quedó impresionado por esta estampa de Rembrandt, que pudo ver en la colección de su amigo Ceán Bermúdez. José de Arimatea dispone con cuidado una sábana blanca como su barba encima de una camilla de madera. Esta mancha clara de la sábana, dibujada con pocas y seguras líneas, se dispone paralelamente a la iluminada zona superior en la que el soberbio grupo dibujado por el artista descuelga el cuerpo de Cristo. La noche, de un negro intenso, imprime un carácter de clandestinidad, silencio y gravedad a esta maravillosa estampa, una de las representaciones más impresionantes de este tema de todo el arte europeo.

Aguafuerte y punta seca, 21 x 16,1. Magnífica impresión, de negros intensos y fuertes contrastes, sobre papel verjurado. NH 286, IV/IV. El dramático suceso representado en la imagen ocurre fuera de la ciudad –vemos al fondo un imponente muro arquitectónico–, iluminado por la luz de una antorcha. Magistral es la composición, que desplaza del centro la acción principal. Magistral es también el cuerpo de Cristo y del hombre de espaldas que lo sostiene en brazos, así como el detalle de la mano alzada –iluminada contra el negro del fondo– del personaje que acude desde atrás y desde un punto más bajo a ayudar en el descendimiento. En la mitad inferior hay un grupo de personas dibujadas con unos trazos que ciento cincuenta años después veremos en Los disparates de Goya, artista que, por cierto, sabemos que quedó impresionado por esta estampa de Rembrandt, que pudo ver en la colección de su amigo Ceán Bermúdez. José de Arimatea dispone con cuidado una sábana blanca como su barba encima de una camilla de madera. Esta mancha clara de la sábana, dibujada con pocas y seguras líneas, se dispone paralelamente a la iluminada zona superior en la que el soberbio grupo dibujado por el artista descuelga el cuerpo de Cristo. La noche, de un negro intenso, imprime un carácter de clandestinidad, silencio y gravedad a esta maravillosa estampa, una de las representaciones más impresionantes de este tema de todo el arte europeo.

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